(Opinión) Argentina consiguió su objetivo de clasificación al Premundial del año siguiente. Sufrió para concretar al podio, pero dejó buenas sensaciones en material, juego, intensidad y buscando superarse en todo momento. Un análisis de lo mostrado por la clase 2003 pensando en lo que se viene y su potencial para crecer.

BUEN TORNEO. Argentina cumplió y evolucionó individual y colectivamente respecto del Sudamericano U14. FOTO CABB

Argentina cumplió su meta principal en el Sudamericano U15. Concretar su clasificación al Premundial U16 a disputarse el año siguiente. Para eso debía mostrar diferentes virtudes, y por sobre todo una evolución respecto del Sudamericano de prueba que fue Venezuela U14 en 2017. En líneas generales Argentina cumplió con varios apartados de juego, intensidad, defensa y pasajes de buen básquet. Todo sin dejar de pensar que hablamos de chicos de 15 años que recién ahora están rediseñando su posición en la cancha, su juego y, en algunos casos, siendo su primera vez con la camiseta albiceleste.

El elenco de Juan Gatti jugó con gran parte de la base de dicho Sudamericano U14. Allí terminó tercera tras vencer a Uruguay, y en este torneo, si bien se repitieron los cuatro elencos protagonistas, los resultados variaron. El conjunto de Gatti fue con un elenco de muy buena talla (1m94 de promedio), que sin dudas generó problemas para cualquier rival al cual enfrentó. Un roster muy largo, con jugadores que podían jugar en cualquier momento, y sumamente versátiles.

Todos llegaron tras ser figuras (o la mayoría) en sus diferentes elencos, donde sacan diferencia por físico o talento, o algo diferente que generan. Lo mismo suceden en los Provinciales o bien Argentinos, donde para colmo no juegan en sus posiciones de selección. Todo eso genera un combo ciertamente explosivo pensando en su acople a la selección y a un torneo de tanta importancia para sus inicios con la camiseta celeste y blanca. Argentina contó con aleros de muy buena talla, a los cuales utilizó de cuatro abiertos, o hasta de ayuda para sus bases. Lo mismo con sus escoltas, como Conrradi y Di Muccio siendo generadores de juego, o bien lanzados en velocidad para anotar con capacidad ofensiva que tienen.

El equipo mostró muy buenos pasajes de basquet. Tuvo un par de finales cerrados donde respondió muy bien, dejando ver el carácter, temperamento y corazón para no dejarse caer. Sucedió con Chile, que tras dominar por momentos necesitó de un parcial crucial para ganar el match. Sucedió con Brasil, que si bien terminó cediendo, tuvo una remontada casi impensada, y demostración total de lo que puede demostrar en momentos críticos. Lo propio ante Venezuela, en el partido más importante pudo sentenciarlo a tiempo cuando el panorama estaba muy bravo.

Tuvo buenas respuestas en defensa, salvo ante Brasil (primeros 15 min), nunca se vio superado por el rival, y mostró recursos para defender el uno contra uno, y con diferentes jugadores que sacaron pecho. Esa fue una de las grandes diferencias y evoluciones respecto del año anterior. Gorosito y Roveres como destacados por sobre todo, y el resto acompañando y recién apareciendo en escena. Este año, hubo opciones de sobra (con sus baches y vaivenes), y jugadores que aprovecharon bien sus minutos y protagonismo para ganarse su lugar.

Del torneo en Venezuela repitió a su dupla interna (Romegialli - Roveres), ambos totalmente evolucionados, y con mayor protagonismo. El santafesino con buen juego de pies, buenos movimientos hacia el aro, e inteligente para marcar. Roveres fue su complemento en intensidad, gol, fiereza defensiva y como la referencia cerca del poste para anotar y sacar faltas. Al Sudamericano U15 se agregaron algunos jugadores que fueron estandartes en diferentes funciones. Lucas Di Muccio como anotador, o bien defendiendo al perímetro rival, y aprovechando su velocidad y talla para desequilibrar. Esteban Caffaro con su porte de alero fuerte para encarar, y regalando varios triples, potencia, y mucha personalidad para defender. Lo mismo para Valentín Forestier, que fue un toro en defensa sosteniendo al base rival, reboteando muy bien, y ganando por físico y habilidad para encarar al aro. MartÍnez en la base con su creatividad, rebeldía y velocidad para generar algo diferente.

Argentina siempre tuvo algo para dar dentro de los juegos. Mantuvo siempre una buena talla dentro del campo, por juego, defensa e intensidad, Caffaro y Forestier compartieron muchos minutos, pero eso no quiso decir que la talla baje. Roveres o Romegialli en cancha, o bien juntos dependiendo el rival y los momentos. Conrradi o Di Muccio las alternativas como escoltas, donde Quiroga fue quien comenzó como inicial en esa posición. Los bases se alternaron, MartÍnez por momentos le ganó la puja a Gorosito con su juego, visión de campo y explosión, aunque su falta de centímetros se hizo notar por momentos. Allí es donde entró en juego el base de Ceres para encarar, mostrar su muñeca a larga distancia y ser clave en los juegos finales.

Una virtud del equipo fue superar sus altibajos dentro del partido. Como planteamos antes, el carácter ante Chile y Venezuela para redondear muy buenos cierres tras caer en un pozo de juego u ofensivo. El partido ante Brasil seguramente dejó muchas enseñanzas, pensando en el rival atlético que se enfrentó, como se lo pudo desactivar para igualarlo, y ahora como crecer y darle un paso adelante para vencerlo en el Premundial que se avecina. Hubo baches de juegos normales para la edad y el protagonismo que quieren tener jugadores de 15 años acostumbrados a más minutos y mayor toma de decisiones. El aro entre ceja y ceja, los bases que por momentos perdieron el foco del pase, tener demasiado la bola en las manos, enredos innecesarios, mala toma de tiros, aunque todo está dentro del libro de aprendizaje.

Sin dudas que Argentina se llevó del torneo muchas cosas positivas. Evolución individual y colectiva, pasajes de básquet del bueno, aprendizajes en su andar, seguir elevando su talla y que los rivales se empiecen a preocupar sobre eso. Quedó la espina de la final, y porque no verse las caras con el local Uruguay como gran prueba. Así y todo, deben volver con la tranquilidad y la labor cumplida. Como dice la frase, "Más vale pasos cortos pero firmes, que largos y sin equilibrio" De eso se trata, y a eso se apunta.

Autor:José Fiebig (especial para www.pickandroll.com.ar)

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