Jano, de 16 años, viene siendo un talento precoz como el 9 del Inter. Debutó a nivel nacional a los 14, ya jugó en Selección y hoy es el más joven de la 2da división. “Tiene mucha madurez y carácter”, dice Lautaro. Conocé el gen familiar de los Martinez: todos futbolistas profesionales, salvo él…

Su padre Mario, categoría 1972, fue un aguerrido lateral izquierdo que jugó cinco temporadas en el Nacional B (con la camiseta de Villa Mitre) y otras 13 en el Torneo Argentino para Rosario Puerto Belgrano (Punta Alta), Racing de Olavarría y Liniers de Bahía Blanca, su ciudad. Su hermano mayor, Alan, categoría 96, es hoy defensor central de Liniers y su hermano del medio, Lautaro, categoría 97, claramente el más famoso de la familia, es figura de la Selección y el Inter de Milán. Lo que se dice una familia talentosa, esforzada, tenaz, profesional y, sobre todo, con mucha tradición futbolera. Una herencia que provino del ala paterna: hasta la mamá de Mario, Luisa, era futbolista y goleadora del pequeño club Estrella de Oro. Claro, hasta que llegó Jano.

El menor, categoría 2003, rompió el molde. No de todo lo primero, porque el pibe tiene la esencia de los Martínez, el linaje guerrero y pasional que caracteriza a la familia, pero sí en lo segundo. “Al fútbol soy malísimo. Intenté, fui tres días, pero realmente era de madera. En cambio, cuando nos mudamos con mi familia a una casa que está pegada al club Villa Mitre, descubrí la cancha de básquet y me encantó. Y encontré facilidades”, cuenta el menor, quien viene haciendo su camino, quizás a la sombra, pero con tantos logros y reconocimientos como sus hermanos. Claro, ayudado por la tradición de la Capital del Básquet argentino. Jano es un base de 16 años y 1,77M que debutó en la Primera tricolor a los 14, fue MVP de un Argentino U15, ya jugó un Sudamericano (U15) con la Selección argentina, debutó en el Torneo Federal (3ra división nacional) a los 14 y hoy es el jugador más joven de toda la Liga Argentina, la segunda división que tiene a Villa Mitre –el club de sus amores– como uno de los punteros. Un talento precoz, como lo fueron Mario y Lautaro. Una promesa del básquet bahiense, cuna de nuestro país.

Jano sorprende con una anécdota que refleja que antes era los futboleros quienes se prendían al básquet y no al revés. “Cuando estábamos los cuatro en Bahía, siempre jugábamos un 2 vs 2 en la cancha de Villa Mitre. Yo y mi viejo contra Alan y Lautaro”, detalla. Y, entonces, no queda otra que preguntarle qué tal son ellos con la naranja. “Lautaro es un llevador de pelota (dice, casi en forma de cargada), un base (se ríe)… En su momento, a los 15, casi elige el básquet, cuando mi viejo le pidió que se decidiera por unos de los dos deportes… Pero claro, ya era muy bueno al fútbol. Alan prefiere jugar adentro, podríamos decir que es un rústico ala pivote. Y mi viejo es zurdo, buen tirador. En ese sentido, yo creo que ligué más cosas suyas. En el fútbol nada, eso sí”, comenta entre risas. No es el único lugar donde se enfrentan 2 vs 2. Lo mismo pasa con el fanatismo por el fútbol. Jano y Mario son hinchas de Villa Mitre, en cambio Alan y Lautaro salieron de Liniers, donde hicieron las inferiores porque justo coincidió cuando Mario estaba en la institución ubicada en la avenida Alem. Carina, la mamá de los tres deportistas, no desempata porque carece de club. Ella sólo es de la familia Martínez. Con Mario tiene recorridos miles de kilómetros, tratando de seguir a su tridente, a veces incluso jugando en tres ciudades diferentes en tres días distintos.

Jano, como Alan y Lautaro, se crió entre grandes. Por eso, asegura, “me siento más cómodo jugando y estando con chicos más grandes. De hecho, mis amigos tienen unos años más”. Allí, en la intimidad de muchos vestuarios de fútbol, mamó mucho de los códigos que van forjando su camino. “Me gusta más los vestuarios de básquet porque son más tranqui y hay menos gente. Los de fútbol son más rústicos, con bromas más pesadas (se ríe). Pero de todos se aprende. Y yo aprendí a ser siempre respetuoso, responsable, a trabajar, a imitar a los mayores y a tratar de copiarlos. Mi viejo, sin decir mucho, me lo inculcó. Y yo también lo vi de mis hermanos…”, cuenta el menor. También, seguramente por eso, se lleva muy bien con la precocidad. Y con la presión que conlleva jugar, siendo chico, entre más grandes. “Lo tomo bien, no me pongo presión. Yo sé lo que puedo dar y por suerte no sólo tengo una familia que me apoya y me aconseja, también lo hacen mucho en el club”, explica quien siente un orgullo especial por defender la camiseta de un club muy pasional en Bahía. “A mí me juega a favor jugar en el club del que soy hincha. Recuerdo mucho el debut con esta camiseta. Yo ni entraba con Primera, pero el DT (Ariel Ugolini) me llamó que me iba a cambiar, me pelaron y entré los últimos dos minutos. No lo podía creer, todo lo que viví y me esforcé se me vino a la cabeza en un segundo”, rememora.

— ¿Y cómo llevás es ser “hijo de” y, sobre todo, ser hermano de Lautaro?

— Bien, es un orgullo. Yo sé que me conocen como el hermano de… Pero lo llevo tranquilo, intentando hacer mi camino y disfrutando el de mi hermano.

— ¿Y te jode que todos te pregunten por él? ¿Cómo es ser el hermano de un crack mundial?

— Básicamente todos me preguntan por mi hermano (se ríe) y sí, a veces cansa, me jode, sobre todo los que se quieren meter mucho en la intimidad.

— ¿Y qué te dice Lautaro, qué te aconseja?

— Yo hablo todos los días con él. Y él me dice que vaya tranquilo, siendo yo, haciendo lo mío. Que sea responsable, respetuoso, humilde y, sobre todo, que esté tranquilo. A veces pienso que puedo jugar más, me impaciento. Y ahí todos me ayudan, en mi familia y en el club.

— Vi que viajaste a Italia a visitarlo con la familia. ¿Qué te llamó la atención, sos cholulo de la intimidad, de los compañeros de tu hermano?

— Sí, habitualmente vamos en agosto, para su cumpleaños. Y uno mira todo, pero trata de ubicarse. Cholulo sólo cuando estaba Icardi y ahora un poco con Lukaku. Con Romelu nos quedamos charlando, porque habla muy bien castellano y le conté que jugaba al básquet. Luego, a través de mi hermano, le dije que le mandaba mi camiseta N° 6 en Villa Mitre si él me daba la suya de Inter. Y así fue. Lo loco es que la recibió, se sacó una foto y la subió a Instagram. Acá en Villa Mitre me cargaron mucho (se ríe).

— ¿Y qué tenés de tus hermanos y tu viejo? ¿Hay un gen familiar?

— Los cuatro somos iguales, tenaces, de ir al frente. Diría que somos muy guerreros. Todos tenemos un carácter muy fuerte, nos sacamos enseguida. Lautaro es picante, ¿viste? Y yo soy igual. Protesto bastante. En el club me viven diciendo que no lo haga, le llevan despacito (se ríe).

Lautaro, desde Italia, siente placer por poder hablar de su hermano. Por eso, tras el entrenamiento, cuenta qué piensa de Janito. “Lo principal que le veo es que tiene una madurez sorprendente para su edad. Y como deportista me gusta su personalidad para afrontar los desafíos que se le presentan. Siento mucha felicidad de que disfrute de hacer lo que le gusta, lo que eligió. Lo acompañamos y aconsejamos en todo momento para que trabaje siempre con humildad y sacrifico para que las metas que se proponga las pueda cumplir tanto en lo humano como en lo deportivo”, explica el Toro del Inter. El padre también destaca los intangibles de Jano. “Es muy compañero, solidario, va siempre al frente, tiene mentalidad ganadora y busca superarse día a día, en lo físico, lo deportivo, lo competitivo y lo personal… Por eso siento que hace la diferencia entre los chicos de su edad. Yo ya notaba de chiquito que era distinto, con actitudes y acciones de jugadores más grande. Al ser muy observador pudo incorporar muchas de las cosas que aprendió en los numerosos vestuarios que vivió”, reconoce. Pero para Mario lo principal es por el sendero que transitan sus hijos. “Los tres tienen una misma virtud: siempre quieren más, buscan ganar, superarse. Pero con humildad y sacrificio, sin olvidarse de dónde uno salió. Ninguno cree que por tener un minuto de fama es el mejor. Los tres han seguido el mismo camino, de pensar así. Y por eso los logros que vemos reflejados en el día a día”, argumenta.

La palabra regresa a Jano y, a la hora de hablar de su estilo de juego, se describe como un base “intenso, inteligente para pasar y que, si es necesario, puede anotar puntos, aunque sin olvidarme cuál es la función principal de un armador”. En sus redes puede verse la devoción que tiene por Facundo Campazzo, ídolo y espejo. “Es mi referente, me encanta su actitud en la cancha. Deja la vida por el equipo, me gusta cómo defiende y su visión es impresionante. Cuando debe meter puntos, lo hace”, dice quien en un video se lo puede ver metiendo un asistencia de faja, a lo Facu. “Sí, fue en U13, jugando contra San Nicolás. Pero la hice antes que Campazzo (se ríe) y acá en Bahía editaron un video comparando ambas”, agrega, atrevido.

— ¿Sos un Campazzito?

— (se ríe) Ojalá pueda serlo… Facu es un espejo de cómo se puede llegar a los mejores lugares del mundo midiendo menos de 1m80. Todos los días miro videos suyos, me motiva mucho ver que con esa altura podés llegar al Real. Como sueño me queda conocerlo, poder charlar con él. En casa tengo la camiseta porque un día se cruzó con Lautaro, mi hermano le dijo que lo tenía como ídolo y Facu me mandó su camiseta. Un crack en todo sentido.

— Por último, ¿cuáles son tus metas y sueños?

— El primer sueño es jugar el Mundial U17, en Bulgaria, este año. Y el segundo, la próxima temporada, poder ser el segundo base de Villa Mitre. Claro que pienso en la Liga y la Selección, pero voy paso a paso, trabajando para eso.

Por Julián Mozo (Infobae)

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